3/8/11

Culto al Árbol

Desde el principio del tiempo los celtas habían mantenido una relación vital con los árboles. Relación que se mantiene aun hoy en casi todas las leyendas, atribuyéndoles poderes mágicos, curativos, negativos, etc.
Cuenta una leyenda que el mago Gwyddyon salvó la vida de un grupo de guerreros transformándolos en árboles, y así pudieron seguir peleando contra sus enemigos.
 

Para los antiguos druidas, el árbol articulaba toda la idea del Cosmos al vivir en una continua regeneración. En él contemplaban el simbolismo de la verticalidad, de la vida en completa evolución, en ascensión hacia el cielo.
El árbol le permitía una comunicación en los tres niveles del Cosmos:

El subterráneo, por sus raíces.
• La superficie de la tierra, por su tronco.
• Las alturas, a través de su copa.

Esta conjunción hacía que lo considerasen el símbolo de la relación tierra-cielo.

El Roble. Como vimos en el capítulo anterior, era el árbol de culto entre los druidas. Su dura madera les permitía hacer un tótem y escribir. Es difícil de talar, lo que refuerza su idea de poder, fortaleza y permanencia. La antigua palabra irlandesa que lo designa se traduce como "portal mágico". Esto da una idea de la característica de divinidad que le daban los antiguos: era algo así como el paso a otra dimensión. Creían que el roble proporcionaba seguridad, valentía, vigor y energías curativas. Sostenían que debajo de un ejemplar de este árbol se podían disipar las enfermedades y las debilidades.
El serbal. Brindaba a los primitivos celtas fortaleza interior para triunfar sobre cualquier peligro o enemigo. Se lo ha utilizado siempre como protección en las casas, establos e incluso en cementerios. Se lo usaba en los antiguos rituales de adivinación para incrementar la sensibilidad a los mensajes internos, para poder fluir en unidad con el universo.
El fresno. Se consideraba que era un puente con los mundos invisibles. Los antiguos lo usaban en rituales para romper las maldiciones.
El aliso. Decían los druidas que este árbol saca al exterior los poderes psíquicos. Las leyendas europeas dicen que la energía del aliso es eterna y que nunca debería cortarse. Se decía que los instrumentos de viento hechos con su madera servían para llamar a los espíritus. Corresponde al héroe celta Bran, cuya cabeza cortada servía de oráculo.
El sauce. Vimos que posteriormente se le atribuyeron cualidades feéricas de persecución a los caminantes. Pero en la antigüedad los celtas creían que el sauce ayudaba a todas las realizaciones humanas, dada su flexibilidad. Esta habilidad para curvarse sin llegar a quebrarse enseñaría al hombre que él también es capaz de autoexigirse. El sauce servía también para hechizar a los enemigos, atándolos a un tronco o una rama de este árbol.
El majuelo. Era la planta sagrada que representaba a los Tuatha de Dannan. Servía para contactarse con los Tuatha en su actual estado feérico (ya no mítico), como también con otros seres sobrenaturales.
El acebo. Para los celtas tenía energía masculina. Era un vínculo directo con la energía divina. Por eso tener ramitas de acebo servía como protección y para despertar la sabiduría.
El avellano. Estaba relacionado con los rituales de los seres mágicos, para el cambio de forma y la proyección astral. Protegía a los viajeros y también servía como escudo para detener la energía negativa.
El abedul. Se creía que preparaba a los seres humanos para enfrentar el futuro con esperanza. Se utilizaba en rituales de purificación.
El manzano. Más tarde relacionado con el rapto de las hadas, en el origen estuvo asimilado a la femineidad y la sabiduría.
Fuente. Viviana Campos El Mágico mundo de los Celtas.
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